domingo, 28 de enero de 2018

El ojo de Dios

El Ojo de Dios.
Several years have now passed since I first realized
how many were the false opinions that my youth took to
be true, and thus how doubtful were all the things I subsequently
built upon these opinions.”
—René Descartes, Meditations on First Philosophy. (1)
Me siento acusado por el ojo de los hombres. No así por el de las mujeres. Mi madre fue fraternal conmigo. Ese apego a su entereza me hizo distinto. Es decir, distinto a la humanidad toda. Puedo resolver problemas de lógica en contados segundos. Hacer cálculos aritméticos de difícil resolución en forma mental sin demasiado esfuerzo. Puedo contar las veces que respiro en un mismo día. Y puedo saber que el día siguiente respiraré unas quince veces más. No soy un misántropo, pero no puedo negar que tengo cierta indiferencia por el resto de los mortales. A lo que aludo es a que no puedo entender mis propios sentimientos sobre las cosas sin mirar por encima del plano humano. Parménides me ha dado su visión ancestral y perfecta de la idea de las cosas que se hallan más allá de la física. La verdad y la opinión (esta es factor de confusión) como motivos del conocimiento. Aristóteles me cerró los caminos que tenía abiertos porque eligió el camino de la opinión para acceder a la verdad o a las verdades elementales. Los griegos han sido contradictorios. Como buenos artífices de la ficción del mundo occidental, han dado versiones contrapuestas sobre las cosas que configuran el objeto del pensamiento.
Esta mañana me he descubierto desnudo y absurdamente solo en este mundo. Anoche tuve un desprendimiento de un sueño. Alguien, a quien prefiero no hacer el esfuerzo de identificar, me sugirió que la muerte no era la última condena. Justamente, la vida se continuaba en el llamado Ojo de Dios.(2)
Había leído sobre el tema. La Astronomía siempre me inquietó. De niño solía leer a hurtadillas libros que en la biblioteca de mi hermano mayor eran la reserva del conocimiento de todas las cosas. En esa biblioteca se hallaba un pequeño libro titulado “El Hombre no está solo”, en el que se desarrollaba un análisis muy  profundo sobre las dimensiones del universo y la posibilidad que hubiera vida en otras galaxias. Esa lectura me apasionaba mientras me generaba una singular angustia.
En el sueño, que era dialogado y que podría reconstruir hasta en sus más mínimos detalles, ese hombre al que llamaré H (de forma tal que su anonimato será una condena a sus prejuicios y a su visión interior del universo a la que voy a denostar totalmente), me decía que él sabía dónde estaba el paraíso.
Es decir, en su grosera concepción pseudo religiosa, que había vida después de la vida terrenal.
En  mi juventud, es decir, hace muchos años atrás, supe mantener el fuerte sentir religioso que mi madre me había inculcado en mi niñez. Pero aquellas voces se fueron apagando. Los ángeles que supe conocer se esfumaron. Algunos pasajes bíblicos me sonaron inmensamente vacíos o contradictorios. Conservé sin embargo ciertos temas puntuales de las sagradas escrituras.
Yo supe antes de llegar a leerla escena de la marcha al calvario, que Jesús sabía que iba a ser entregado y siempre critiqué su pasividad frente a este hecho. Naturalmente que no dejé de entender que su pasividad era parte del guión. Esa parte tan extensa de tolerar ser juzgado porque así lo decían las escrituras, me resultaba penosa. El vía crucis pudo haber sido evitado. Eso sí, no se hubiera alcanzado la redención. El dolor de Jesús traicionado por Judas y entregado por los Romanos frente a Barrabás, llevado a la crucifixión en medio de feroces castigos, muestra que la fe es una fuerza superior a todas las fuerzas humanas. Jesús toleró ese martirio por tener fe en su destino consagrado a su Padre.
Ahora, mis vecinos me miran con cierto alerta. Se callan cuando llegó a sus veredas si se hallan hablando con alguien. Miran hacia otro lado cuando estoy saliendo. Su ignorancia aparente de mi persona, me hace feliz. Me convierte en un ser dichoso. Estoy fuera de su mediocre círculo.
Después de mi sueño y la revelación que tuve desprendida del mismo, empecé a entender la mecánica de la mente de Dios. Los humanos tenemos un exótico privilegio. Sabemos de nuestra finitud. Es decir, sabemos que vamos a morir. Es más podemos poner fecha y hora a ese suceso inevitable. Los animales presienten la muerte natural y tienen sus rituales. Pero eso es otra cosa. La humanidad sabe que está prisionera de dos dimensiones. Una material y otra espiritual. Aunque tal vez debería decir una física y otra metafísica.
La material (la física) es la de tener conciencia plena que estamos encerrados en un microcosmos, (nuestro planeta) dentro de un cosmos mayúsculo y cuasi infinito (el universo) que está en abierta y veloz expansión dentro de otro Universo que lo contiene y así en una línea sucesiva de manera no infinita sino indefinida para nuestra mente, pero no para la mente de Dios. Que se trata de una obra de teatro en un escenario casi infinito, pensando al infinito como una cualidad de aquello que aún pudiendo contarse resulta imposible de comprender. Aquello que aún teniendo fin, y perdiendo por ello la cualidad de infinito es incontable.  Eso es el universo. Además de su dimensión en medida, está expandiéndose de manera indetenible sin límites ni fronteras. Y se expande sobre otra incógnita, es decir, ¿ Sobre que se expande?. ¿Es un espacio de antimateria que se convierte en materia?¿Es una nada que se vuelve algo? (esta pregunta es una abstracción intolerable para mi intelecto) ¿Es un campo cerrado o un campo de energía oscura convertida en materia visible?.¿Será cierta la idea de la “quintaesencia de Masreliez(3/4),? La otra dimensión es metafísica, y voy a dejar la denominación espiritual toda vez que el asalto de una idea romántica infiltrada en esta tesis me resultaría inmerecida. A veces en las noches, escucho el Preludio del Parsifal de Wagner. Se ha sostenido que la música, aunque intraducible a la lengua humana, es la expresión propia del idioma que usan las estrellas en su armonioso desplazamiento. Esa música me lleva a una inexorable visión del universo y del Hombre. Somos prisioneros en un termo (no le llamaré burbuja) que viaja a una velocidad inconmensurable. Sabemos que tenemos un fin como el termo ha tenido un principio. La atribución de tal inicio a una orden superior, a un creador universal, a un arquitecto que goza de inmortalidad o que se genera tantas veces como desee, es contradicha por las teorías científicas más relevantes. La religión sin embargo en pleno siglo XXI sigue siendo una concepción que genera una militancia rayana o mejor dicho, ingresada en muchos casos al fanatismo.
No voy a ampararme en un argumento idealista. Debo probar que justamente la incógnita de la existencia de Dios está en ese misterio que no podemos abarcar ni develar que es la proyección creciente de un universo en expansión. ¿Hacia dónde?. ¿Para  qué? La duda, la incertidumbre sobre un plano tan excelso como es el cosmos y sus elementos, el átomo y sus partes, la vida como premio o como circunstancia de una evolución, la posibilidad de estar vivo y saber que en este punto del cosmos que habitamos, sabemos que pertenecemos a ese ámbito inconcebible en lo matemático y en lo físico que es el Universo en expansión. Esa conciencia es la que nos habilita la duda. Los dados de Dios están muy bien  escondidos dice Stephen William HawkingJustamente, ese escondite es lo que hace accesible y entendible, hasta justificable  la idea de su existencia.
Ayer la policía golpeó mi puerta. Algunos vecinos, me denuncian por mis hábitos nocturnos. La música estridente de Wagner, desde la Cabalgata de las Walquirias a la Marcha Nupcial,  o la profundidad del Parsifal, la procesión de Elsa en el Lohengrin ….. Mis invocaciones. La fatal soledad que me agobia. Mis sueños tormentosos. Verme como materia muerta. En unos cuatro mil quinientos millones de años el sol se apagará pero antes la Tierra será atraída junto a venus y Mercurio en el colapso del Sol. Si la humanidad existiera aún, lo cual es difícil de pensar que sea en estas mismas condiciones, los muertos seremos un despojo en las entrañas terrestres, pero nuestro espíritu ya no estará ahí. Pero me angustia verme como esa materia muertas e inhallable..... 
No volverá a pasar. En el sueño se me reveló (ya lo veo como una revelación y no como un argumento vacío) que la constelación del Ojo de Dios es el sitio donde se guarecen las almas. Donde nos reencontramos todos con todos. Borges estimó como desproporcionados el infierno y el paraíso, pues los actos de los hombres no merecen tanto despliegue. Yo no lo creo así. Hay individuos que debe permanecer en el infierno como castigo total y hay quienes deben acceder al paraíso como premio a su bondad personal. Mi destino es indudablemente este último. He demostrado la existencia de la divinidad creadora. No vacilé como Santo Tomás con sus tres primeras vías sobre las verdades teológicas. Las dos restantes me resultan valiosas. En especial la quinta vía donde el orden y la finalidad presiden el universo creado. Dios ha tenido una finalidad que es extra psíquica. Es decir, nos supera en medida suma y no podemos obtenerla por el impulso de la razón porque los dados de Dios, tal como dicen los cuánticos que son los que regulan el orden universal, están en el puño del Creador y no los soltará mientras haya un hombre tal que piense en el universo mientras su casa se derrumba.(5)
La sangre corre o mejor dicho fluye por mis cortes. Pude poner fecha y hora, no muy precisa pero aproximada a mi propia muerte. Me acerco al Ojo de Dios con total entereza. El paraíso no es un sitio desproporcionado a la bondad de los hombres. Borges debe estar ahí leyendo sus autores favoritos y estimo poder parlamentar con él sobre el Argumentum Ornithologicum (6). El número de pájaros de la bandada es definido como son los dados pero es un pensamiento exclusivo de Dios. Al hombre le cabe la duda. Esa duda lo vuelve existente a Dios. Se cambia por certeza.  A esa certeza he arribado. Dios sabe cuántos pájaros vio Borges y cuántos son los dados que Dios reserva en su puño.
Ya sé que me miraran, a diferencia de la ternura del Ojo de Dios, con un ojo de sospecha. 
Algún fiscal ordenará las pericias propias del caso para saber si fui yo mismo mi verdugo. El Ojo de Dios me ha abierto la puerta a mi propia identidad. Ahora tengo certezas. Ahora creo como cuando era niño, y mi ángel me recibe. Creo que Dios existe.

Son algo así como las tres de la mañana. De una mañana cualquiera en el tiempo de los hombres. Ese tiempo ya no me pertenece. Entré en la expansión. Esta es: un estado del alma. En todo elemento vivo existe ese plano universal. Otro hombre dentro de otro universo contenido en este universo, que a su vez está dentro de otro universo piensa lo mismo. En símbolos: A \ B significa: el conjunto que contiene todos aquellos elementos de A que no se encuentran en B. En nuestro caso A \ B \ C …… es decir, un universo que es contenido por otro que a su vez es contenido por otro, y así indefinidamente pero no infinitamente, pues cesa hasta llegar a la mano de Dios.
Mi sangre derramada es otro universo donde habita un hombre como yo que piensa en su finitud y que mantiene su conciencia de expansión del universo rojo que lo contiene dentro de un termo tal como yo lo he indicado.
Este es el desprendimiento final de mi sueño.




1.      "Han pasado varios años desde que me di cuenta por primera vez
                               ¿Cuántas fueron las opiniones falsas que mi juventud llevó a ser cierto?, y por lo tanto,
                              ¿qué tan dudosas fueron todas las cosas que posteriormente he construido sobre estas opiniones "?.
                              -René Descartes, Meditaciones sobre la primera filosofía.

2.     La nebulosa de la Hélice, nebulosa Helix o NGC 7293, es una nebulosa planetaria en la constelación de Acuario, a unos 680 años luz de distancia. Es una de las nebulosas planetarias más próximas a la Tierra y fue descubierta por Karl Ludwig Harding antes  de 1824. Atento su diseño particular se la conoce como el Ojo de Dios.
4.     Quintaesencia es una forma hipotética de energía que se postula para explicar las observaciones del universo en expansión acelerada. La quintaesencia es un tipo de "energía del vacío". En la Edad Media, la quintaesencia (latín quinta essentia) era un elemento hipotético, también denominado éter. Se le consideraba un hipotético quinto elemento o "quinta esencia" de la naturaleza, junto a los cuatro elementos clásicostierraaguafuego y aire.-
5.     Sábato Ernesto. Uno y el Universo. Ed. 1949.-


6.     Argumentum Ornhitologicum. Borges. Obras Completas. 1972. En esta reflexión se obtiene la concreta diferencia entre “infinito” e “indefinido”. El universo tiene una dimensión indefinido y no infinito. (N d Autor.)

lunes, 16 de octubre de 2017

NOSTALGIAS. (tango en piano)




Quiero emborrachar mi corazón
Para olvidar un loco amor
Que más que amor es un sufrir
Y aquí vengo para eso
A borrar antiguos besos
En los besos de otras bocas
Si su amor fue flor de un día
Por que causa es siempre mía
Esta cruel preocupación
Quiero, por los dos, mi copa alzar
Para olvidar mi obstinación
Y más la vuelvo a recordar

Nostalgias
De escuchar su risa loca
Y sentir junto a mi boca
Como un fuego su respiración
Angustias
De sentirme abandonado
Y sentir que otro a su lado
Pronto, pronto le hablará de amor
Hermano
Yo no quiero rebajarme
Ni pedirle, ni rogarle
Ni decirle que no puedo más vivir
Desde mi triste soledad
Veré caer las rosas muertas
De mi juventud

Gime, bando-neón tu tango gris
Quizás a ti te hiera igual
Algún amor sentimental
Llora mi alma de fantoche
Sola y triste en esta noche
Noche negra y sin estrellas
Si las copas traen consuelo
Aquí estoy con mi desvelo
Para ahogarlo de una vez
Quiero emborrachar al corazón
Para después poder brindar
Por los fracasos del amor

sábado, 14 de octubre de 2017

cuarteto para cuerda no. 14 "La Muerte y la Doncella" Cuarteto CHROMA


LOS COMISIONADOS. Versión del 28 de enero 18. 28/1/18
Eran más de doce. No voy a decir el número exacto dado que un temor a la cábala y sus datos numéricos se ha ido apoderando de mi espíritu,  pero es menester dejar constancia que esto no me disminuye frente a mis obligaciones, pero desde ya  y está a la vista, prefiero evitar decirlo.  Trabajaban de manera discontinua, pero eso sí, cumplían con matemática estrictez sus horarios.

Debían desentrañar, entre otras acciones, las incumbencias de los títulos que presentaban los aspirantes a ingresar al “círculo”. Voy a dejar aclarado desde este inicio, que el “círculo” es una metáfora dedicada a aquello que siendo un sistema o algo similar, es aspiración de muchos ingresar en él.


El “circulo” representaba un modelo a seguir. Sus múltiples cuerpos normativos, sus emparches jurídicos, sus asesoramientos impracticables, sus remotas alegorías de tiempos felices, y digo alegorías porque solo una lectura ingenua podía contenerlas y admitirlas, sus espacios multiplicados en labores pero no en volumen, en fin sus contradicciones irrebatibles al más iniciado observador, lo constituían como una especie de ámbito monárquico repleto de cortesanos y de indigentes que vagaban por sus innominados pasillos entrecruzados, transversales, anchos como ensenadas y angostos como desfiladeros.
Los comisionados eran parte de esa intrincada red de asociaciones donde convergían los saberes del mundo. En sus manos estaba la clave de definir el alcance de los saberes particulares de los aspirantes. Entiéndase que eran análisis de tipo teórico, no eran exámenes sobre los conocimientos prácticos que deberían una vez ingresados al “circulo”, desarrollar.
A veces, su tarea se veía entrecortada por razones ajenas al análisis de los casos. Una declaración gremial, una impronta eléctrica, una llegada inesperada de algún aspirante rabioso con la calificación recibida de su título, incluso una fuerte tormenta tal como la que acaeció una tarde sofocante de febrero, podía detener la delicada y sofisticada  maquinaria humana y artesanal de análisis de incumbencias de títulos.
Tenían asimismo momentos de descanso. Momentos de plenitud espiritual y meditación. También de regocijo en banquetes que animaban sus mediodías.
Nunca supieron a ciencia cierta quién los había comisionado para su tarea que en síntesis era propia de un organismo público de carácter técnico. Eran personajes muy ajenos a ese núcleo de entendidos los que tenían la potestad de nombrarlos a través de un bando.
Tampoco reconocían jefes inmediatos, ni recibían inspecciones o auditorías. Se hallaban en un espacio apto para sus labores en cuanto a metraje y recursos burocráticos, este término entendido como los elementos físicos para desarrollar sus quehaceres y sin menosprecio alguno a tan excelsa función. Sería impropio de la ciencia del derecho administrativo o de sus más elementales principios, determinar su naturaleza como un ente autónomo. Tampoco podría alcanzarlos la ponderosada definición de autarquía,  sin embargo, en lo que hace a ciertas cuestiones usufructuaban los beneficios de esta doctrina, sin ser por ello seguidores de la refutación del término que hace Sayagués Laso, pero tal uso, no era objeto de debate interno ni de reclamo alguno al jerarca del “circulo”. Pues, aunque no lo conocían en persona, tenían una enorme carga afectiva favorable hacía éste, por ende sin llegar a la genuflexión, solían venerar su imagen fotográfica siempre presente en el salón de trabajo grupal y mencionarlo por su nombre como en una gran familia. Entre ellos no existían jerarquías o roles encumbrados. Era una verdadera cooperativa. Hasta la compra del té verde o de la malta tostada se hacía en aportes comunes, sea que consumieran o no tales brebajes.
Nadie podría decir que sus acciones estuvieran presididas por una  ritualidad pseudo mística compartida. No había en el grupo aspectos, al menos de modo visible, que denunciaran su calidad mística, sin que esto  involucre a sus individualidades. Pero tenían sus rituales de clan. Uno de ellos, el lector advertirá que no he hecho uso de sus nombres ni lo haré en todo este relato, había leído a Kingsley Davis y entendió que la cultura era el elemento distintivo de las sociedades humanas frente a las de los insectos, y en las actas que acompañaban el contenido de sus debates supo hacer mención a tal visión sociológica, cuando frente a un determinado pergamino que ostentaba un saber a cierto aspirante, creyó oportuno reconocer esa diferencia.
Su compenetración a las labores de análisis de títulos era total. Algunos llegaron a pasar días enteros dilucidando la pertinencia de ese parte testimonial que acreditaba conocimientos y sus alcances en cuanto a las ramas de la ciencia que podían abarcar. Hay quienes ponen en duda esta devoción administrativa.
Dicen, y esto es también objeto de fuertes dudas, que un comisionado permaneció en las instalaciones encerrado un fin de semana largo, tomando solo agua y comiendo unas  escasas galletas de arroz, para completar su estudio y emitir dictamen  sobre un complejo título.
Alguien a quien se conocía como un autor plástico de renombre en ciertos ambientes, no voy a revelar tampoco su identidad aunque pueda mi omisión quitar méritos a la obra, hizo un cuadro de amplias dimensiones donde los comisionados estaban expuestos con sus rasgos más salientes. La obra fue expuesta en el salón de trabajo durante años. Pero después de ese prudente tiempo, no fue hallada ni siquiera registrada en los inventarios*.
Su método de trabajo era similar al de los glosadores del derecho Romano de la Universidad de Bologna de la cual Gino de Pistoía, amigo del Dante e inspirador de algún personaje de la Divina Comedia, fue uno de sus mentores y más destacados miembros. Glosar al margen de los Digestos  que contenía los antecedentes de títulos era su forma de trabajo más corriente.
Esto era con lápiz, el uso de birome estaba totalmente prohibido. Una Síntesis secular del tema fue expresada por uno de ellos, que tenía un alto sentimiento laico, pues de igual modo que los glosadores de Bologna, no hacía lugar a ninguna pretensión de perspectiva canónica o eclesiástica en las interpretaciones de los gruesos pergaminos que estaban a su merced para analizar. El debate quedó reflejado en el Acta 283 cuya fecha aparecía incompleta por estar ajada y húmeda la página representada en el folio Ochocientos veinte, pero que reconstituida y observada bajo una poderosa lupa que estaba a disposición de todos, dejaba ver que su fecha era miércoles 27 de abril….. NdA: (nunca se pudo estipular el año), y que hacía mención al debate entre varios miembros de la Comisión sobre la forma en que iba a tratarse el trabajo sobre el Digesto.
Una postura, un tanto cercana a la visión romántica religiosa moralista de Guittone del Viva, quien fue adherente al conceptismo enigmático literario en su adhesión al trovar clus, fomentaba que la perennidad de la glosa requería un recurso estilográfico difícil de percudir, por lo que la extraordinaria invención de Biro, era una excelente forma de establecer tal perennidad. Esta postura tenía rasgos de hermetismo filosofal.

Indicaba que lo trascendente, en esto iba la implicancia religiosa, que resultaba glosar los Digestos debía quedar reflejada de modo indeleble. La alteración de cualquier signo por mínima que fuera, iba a deformar la tarea encomendada, pues los comisionados eran personas que daban trascendencia a los saberes universalmente aceptados.  Asimismo era partidaria la expositora, al revelar su género no hago aproximación alguna a su identidad particular, en efectuar subrayado en tinta de los textos resonantes que definían la glosa, pues tales remarcaciones serían de utilidad al momento de que los futuros analistas de los títulos, heredaran las idea madre que había concebido dar validez o no, a los mismos.
La otra postura era absolutamente laica, e iba de alguna manera relacionada con el objetivo saliente de la Comisión,  que era evitar toda intromisión de aspectos que valoraran la teocracia y el misticismo y que estableciera un orden divino a la materia en análisis. Por ello, consagraba el aspecto laico de la función de los comisionados, era contraria en principio a todo subrayado y a dejar marcas indelebles en los textos. Toda mención debía glosarse en nota marginal al texto que fuere en lápiz negro con el aditamento de la fecha con dos dígitos para cada entidad de días, meses y años. Se basaba en la idea que dejar marcas indelebles era una forma de condicionar a los futuros comisionados. Esta postura parecía ser la idea de alguien que no deseaba trascendencia alguna en sus labores, llegando incluso a pretender que cada comisionado tuviera un símbolo con el cual destacar su intervención, sin que figurara de modo alguno su nombre explícitamente indicado.
Este debate fue arduo. Fue tal vez, y esto es una deducción personal, una de las pocas ocasiones en que el plano místico intento asomar su supuesta inocencia religiosa en la Comisión.
Prosperó no sólo la segunda postura sino que cada integrante debía escoger un seudónimo para dejar constancia de su intervención, agotando de ese modo la perversa manía del personalismo acendrado que padecían los que impulsados por un sentimiento de trascendencia a su gestión querían incluir en las funciones de la Comisión.
También se declaró la necesidad de quitar los crucifijos y las leyendas que en las carteleras aludieran a un poder ajeno al que la las leyes de los hombres intentaban imponer en la Sociedad. Expresiones infantiles como “Sonríe. Dios te Ama” ó “Toda obra es para El Señor”, debieron ser retiradas por quienes las habían puesto. En uno de los baños apareció escrita en birome, lo cual delataba cierto origen y autoría, una expresión que se le atribuía a la Madre Teresa de Calcuta. “Al final todo es y será entre tú y Dios. Nunca fue entre tú y ellos”. Nadie cuestionó tal forma de expresión pero la misma fue borrada en los días posteriores.
Solo se permitían algunas expresiones menores, es decir, cierta fraseología algo pagana, en la cual el Estado se convertía en el Creador de todo lo existente. Incluso denostaban a Hans Kelsen quien creía que habría sido un usurpador quien dictó la primera Constitución a la cual ubicaba en la cima de la pirámide jurídica había que respetar y desde la cual en su consecuencia se dictaban las siguientes normas inferiores. Entendían que el Estado Benefactor era formado por un individuo benefactor. Tal posición era inefable. Tanto como lo era el Estado, concebido como un  dios del más elemental paganismo. Esta postura estaba cimentada en la pragmática esencia de su propio sustento. Puesto que era el Estado más allá de los funcionarios de turno, quien mantenía sus hogares con sueldos no suntuarios pero si holgados.
¡Me entrego a quien me da de comer!!! Podría ser la canina mirada de aquellos que estaban enrolados en la postura triunfante.
Fueron de esa forma, generando sus propias defensas frente al mundo que los envolvía.  Apagadas las luces de la fe, y cerradas las ventanas por las que Dios mira las almas, tal como el gran poeta ciego dice sobre “Un Patio”, se generó  un oscuro apagón de toda luminaria que engrandeciera su obra, ésta fue pereciendo y haciéndose gris. Las horas pasaban como simples conteos y las glosas denotaban una pérdida de toda búsqueda de propósitos trascendentes a su tarea.
Los aspirantes dejaron de llevar sus títulos en parte porque no creían en los comisionados pero por encima de tal catástrofe a sus principios funcionales, el “círculo” se fue haciendo hermético. Los que estaban dentro no querían ingresos y los que estaban fuera se despojaban del deseo de ingresar.
Dicen los analistas de los filósofos sobre el principio de razón suficiente, o debería aclarar  que Pérez Gómez dice, que Leibniz sustenta su pensar enrolado en el racionalismo en dos principios esgrimidos en sus escritos, tanto en Théodicée como en su  Monadología,:  que el orden existente en el mundo es una «armonía preestablecida por Dios» y la libertad aparente del hombre es una acción inmanente de las mónadas.
Los comisionados cayeron en la vertiginosa grieta que separa lo físico de lo metafísico. Estuvieron fuera del mundo irreal pero ciertamente existente en la composición humana que es la fe y sus efectos sobre las personas y cosas. No creyeron en las mónadas de Leibniz como instrumentos que dan razón y fuerza a las cosas.
Enmohecidos y anquilosados sus cuerpos y sus espíritus, llegaron una mañana a su sede administrativa y encontraron una Resolución pegada en la puerta. La misma estaba firmada por un ignoto nuevo funcionario de la nueva gestión del nuevo gobierno de un prometido nuevo país. La Comisión de Títulos había sido disuelta y sus miembros debían retornar a sus puestos originarios en apagados contextos académicos. Se abrazaron todos con todos. Se dijeron frases de rigor. Alguno intento convocar a un encuentro mensual. Pero nada quedó de todo eso. Su salón fue ocupado por una feria americana y algunos de sus textos aparecieron mezclados con distintos desperdicios en dos contenedores en la esquina de la Avenida Paseo Colón y Brasil. Enfrente está el vistoso parque Lezama. Y por la calle Brasil una peculiar edificación que es sede de una Iglesia Ortodoxa cristiana. En su pared  externa, en la parte inferior bajo la reja, se podía leer en ese entonces una frase en francés que he procedido a traducir, a la que no me atrevo a darle pertenencia bíblica pero que podría tenerla: “Dios provee todo aquello en lo que los hombres fallan.”(Dieu fournit tout dans lequel les hommes échouent)
*El cuadro apareció muchos años después del cierre de las oficinas en una casa de antigüedades en una galería de la calle Defensa antes de llegar a Independencia y pude adquirirlo.








domingo, 25 de junio de 2017

NO ME DIGAS QUE TE HAS IDO








Tu boca llena de semillas de fuego. En un ángulo convexo....en una dilatada sombra que evade el sol… viaja tu canción de invierno y sexo…..
Ojos de color dorado.
…..ahora ( y no antes) mi ser te padece..
Mi agonía así crece, y de única se convierte en varias . Tal vez no sepas que te amo, pero sí que estas inscrita en mis plegarias.... Y yo  que no te sé dibujar de memoria..necesito que poses y bailes para mi….que hagas historia….
Que seas mía en alguna hora del día. ..
Que leas mis poemas y te corone reina de pequeñas y  mágicas alegrías ....de curaciones inmediatas. ..de esa proyección que se instala en tu desnuda matriz en tu vientre de almendra...en tu felina nariz…
Piedad...amor mío, piedad...no dilates el momento de liberar mi cabeza de la corona de espinas de una sola pieza,  que es tu aparente indiferencia….o tu infinito olvido. ...no me digas que ya anocheció en tu corazón. ..no me digas que te has ido….
(Sin vos, mis emociones de hoy no serán sino la piel muerta de las emociones de nuestro ayer)

ATILIO VAZQUEZ CUESTAS. NO ME DIGAS QUE TE HAS IDO. OLEO AL PINCEL. 2014.

TRAEME


ATILIO VAZQUEZ CUESTAS. CASA EN CHAPADMALAL. OLEO AL PINCEL. 2003.
TRAEME.
Traéme de vuelta a casa como aquella tarde....quitame la aspereza de este día, ....dame tu corazón de muñeca para sentirlo latir de nuevo entre mis dedos....
Dame tu boca esclarecida hasta que dejemos esta vida …
Dejame pintarte de manera subrepticia.... y besarte en forma clandestina... Haceme saber que pensás sobre mi y mi poesía....No cierres mas la puerta a mi presencia ...no me hagas sufrir más tu lejanía.....Traéme de vuelta y contame que soñaste que estoy vivo y ves mi cabeza encima de mi espalda.... Amor... no me eches a la corriente zaina... no me dejes en el mar sin una balsa.... sonreíme un poco ...apenas.... y traéme de vuelta a casa....quiero despertar en vos riendo porque la vida está aún entre los dos.... y yo mi amor te estoy sufriendo...

                                                                         MARCELO GUSTAVO ZANETTI
   


TOWER HAMLETS.

                                                      Era una costumbre propia de cada sábado, durante  mi forzada estadía en Londres,  ir a sentarme bajo la piadosa sombra de los árboles del cementerio local  de Tower Hamlets. Su paz natural, su notable foresta, su aspecto de campiña inglesa, me permitían fluir en medio de ánimas y entes fantasmales, que hacían de curiosos anfitriones de la llegada de los mortales, entre los que era yo un asiduo y por ende conocido concurrente. Solía llevar un libro de Chesterton al que leía con devoción sus  tan bien armados relatos sobre el curioso personaje del Padre Brown. The little priest was the very essence of those Eastern plains; It had a round, dull face like a Norfolk fritter; His eyes were as empty as the North Sea, and he carried several packets of brown paper that he could not keep together. "The Blue Cross.(1)  (N. del T: El pequeño sacerdote era la esencia misma de aquellas llanuras Orientales; tenía una cara redonda y embotada como un buñuelo de Norfolk; tenía unos ojos tan vacíos como el Mar del Norte, y llevaba   varios paquetes de papel de estraza que no conseguía mantener juntos.” )
Entrecerraba los ojos y pensaba en ese hombre de considerable altura y más considerable talento,  jovialidad y buen ánimo, e imaginaba que debía  deambular entre las tumbas de ese campo santo. MI obligada  permanencia en Londres, a esa altura, era cuestión de días. Mi labor estaba casi concluida y solo debía esperar que los correctores de mi obra, concluyeran sus observaciones y yo pudiera corregir el texto y entregarlo para que el contrato estuviera cumplido. Sin esa parte, el sinalagma no se habría satisfecho y yo no hubiera cobrado mis emolumentos.  Era imprescindiblemente  necesaria  mi partida de esa urbe, a la que Borges llamó "laberinto roto", para ir a dar una charla a la esplendorosa y tradicional Lisboa, ciudad a la que había sido invitado con anticipación por mi querido editor y amigo Felipe Guimaraes da Costa, hombre de letras, muy prudente y sabio, seguidor de Saramago y con quien teníamos fuertes debates sobre su obra, entre otros el renombrado  Ensayo sobre la ceguera, obra que a mi gusto, poco podía compararse en calidad con el Informe sobre ciegos de Sábato. Fue entonces cuando ella apareció. Iba suave y liviana sobre un césped escandalosamente verde. Pensé que podía tratarse de un espectro, sus rasgos tenues, su blanca palidez, su inspirado perfil intelectual, cierto ensimismamiento en su andar, una blusa con lunares azules y un pantalón claro, le daba un aspecto de ángel perdido en la mañana londinense. Una especie de Diosa Isis buscando el cuerpo de su esposo en ese terreno que no era el Egipto antiguo pero que por momentos lo parecía. Hay un momento en que se produce en un hombre la sensación que es una determinada mujer y no otra la que podría inspirarle sus mejores sueños....Ese era el momento y esa era la mujer a la que uno podría esperar cien años si fuera propicio para un encuentro. Seguí con mi mirada sus pasos. Pensé de modo desordenado como debería llamarse, intenté varios nombres,  desde los castos nombres de mujer de la era victoriana, a los de las  rebeldes mujeres inglesas tales como Virginia Hall, que fue espía en la guerra o Susan Travers, otra heroína moderna. Supuse que podía ser una bella rebelde inglesa tradicional como la desnudista lady Godiva del siglo XI.
Su exótica belleza así la demarcaba con un aura exageradamente visible en ese infrecuente espacio de distensión.
Una mañana de sábado, en medio de un cementerio parque, había encontrado a una mujer que era un modelo que podía incentivar sin límites mi creatividad. Ella se detuvo frente  a un monolito pétreo, fue como si acariciara esas letras que denunciaban el nombre de quien yacía bajo su duro epitafio. Me llamó la atención las dos veces que recorrió con sus dedos finos, blancos, alargados, la letra E del nombre  de la difunta inscripto en la piedra. El nombre estaba diseñado en caracteres góticos. El año del deceso,  tímidamente partido en su último número,  era 1963. A veces, los muertos hablan. No sé de qué forma, no sé qué secreto modo tienen para comunicarse, pero hablan con quienes ellos eligen hacerlo. Ella, era una elegida. Su forma de acariciar las letras de la lápida, fue una forma de llamar a quien buscaba. En su rostro se dibujo “algo”. “Algo” incierto, digamos que una mueca parecida a una sonrisa surgió de sus labios. De manera inesperada un pájaro negro se posó sobre la tumba. Todo comenzó a fluir como si fuera un sueño. De manera lenta el paisaje fue apagándose, haciéndose de más a menos, difuso, de verde a gris, la lente de mis ojos solo podía seguir a esa Mujer y a sus movimientos. El pájaro cantó con enorme suavidad, y con su pequeño pico golpeó dos veces sobre la piedra dura y cansada de lluvia y sol.
………………En todo momento de una secuencia o dentro un relato hay un punto, una aproximación interior, que nos emociona interiormente en mayor grado que a los demás. Ese era mi momento. Pude ver, de manera inverosímil, como una mujer, mayor, de pelo canoso, bien presentada, de porte muy anglosajón, se plantaba frente a ella demostrando no solo un conocimiento previo sino una gran alegría por el encuentro………….
Todo recaía en una inconclusa y morosa mañana en una entre dormida vigilia de esa primavera londinense. Era un encuentro pactado con alguien del más allá. Me descubrí espontáneamente de pie. Mi libro se desprendió de mi mano. No era temor. Juro que no era miedo. Era un éxtasis. Un estado similar al de acabar de nacer de nuevo. Encontrarme en ese mundo de los muertos, estar desnudo en la contemplación del infinito de los tiempos. Una vez, escuchando de manera absolutamente concentrada  el cuarto movimiento de la pieza Der Tod und das Mädchen, en inglésDeath and the Maiden (2) (N. del T.: La doncella y la muerte. Schubert, Franz - String Quartet No. 14 in D minor, D. 810 4to. Mov.[Death and the Maiden]), de Franz Schubert, tuve la misma sensación. Fue durante las exequias de mi tío George quien había dispuesto en su testamento, e incluso como se había informado en su obituario, sonara esa pieza  musical en el momento del cierre del ataúd para su destino final. Sentí que esa música, que representaba su esfuerzo por salvar la vida de su  joven mujer que había fallecido años atrás, nos unía fraternalmente a los presentes y que era más que una despedida,  un reencuentro de todos con ambos cónyuges difuntos, pactado vaya a saber dónde o  cuando. Antes de ese evento, una noche de un viernes de junio de 1969, con mi hermano mayor, en una casa de altos, con una cúpula negra, en la calle José Luis Cantilo, en Villa Devoto, cercana a la vieja  estación, visitamos un “médium”.
Era un hombre que en las Medianoches concertaba esos encuentros. Tal era su profesión o su don. Mi hermano era un científico muy serio y respetado, y debo decir que aunque esto pueda quitarle algún brillo a su trayectoria en el mundo de la ciencia, él creía profundamente en esos encuentros. Yo solo atiné a decirle _ ¡¡Esto es  macabro!! Pero no quiero hablar de eso, porque de todos modos lo acompañé haciendo frente de manera dudosa, a mi propio miedo. El espectáculo fue inconcebible. Los muertos desfilaban en una serie indeterminada de individuos, siendo que el “llamador”, tenía una vela enorme encendida y guiaba la procesión. Durante varias noches no dormí. Un simple ruido perdido en la madrugada me sobresaltaba. En otra ocasión mi Padre nos llevó al entierro de un Agente del Decreto que había muerto en un enfrentamiento. Mientras la pompa fúnebre se desarrollaba en el atrio de la capilla policial, mi hermano conversaba  animadamente con un joven de pelo cortado al ras en un ala lateral de la galería donde una marcha propicia para la ocasión, retumbaba cadenciosa y llanamente. Me importunó y estaba seguro que papá iba a reprenderlo si lo veía. Le hice señas y no parecía darse por enterado. Solo al retirar el féretro con el cuerpo del ámbito del responso, mi hermano se despidió del joven y volvió a la ceremonia y más que  exaltado dijo: _ ¡Él está bien. Incluso ya se despidió de sus familiares. Lamenta no haber vivido más para ver crecer a su nena de dos meses, pero las cosas han sido así!  Mi Padre ni siquiera tomó como una irreverencia esas expresiones. Yo sí. Pero ahora estaba a muchos años de aquel suceso acaecido en mi infancia. Ni mi hermano mayor ni mi Padre vivían. Las sensaciones parecían mezclarse, aquellas situaciones tan complejas, me llevaron a comprender que había un mundo que estaba más allá de lo físico. Un mundo metafísico.
Una lápida frente  a un inmenso Portal contenía un inequívoco concepto de ese mundo lateral. Recordaba a Aristóteles en su abstracta idea de la totalidad y en su vano intento de  definir lo inalcanzable matemáticamente. 
Infinity is either what can not be traversed because its nature does not allow it,  just as the voice is invisible, or else what can only be traversed incompletely, or can hardly be, or what can not be Limited by its nature. Metaphysics. Aristotle. (3)  (N. del T:  Infinito es o bien lo que no puede ser recorrido porque su naturaleza no lo permite, del mismo modo que la voz es invisible, o bien lo que sólo puede ser recorrido de manera incompleta, o que apenas puede serlo, o lo que no puede ser recorrido ni limitado aunque por su naturaleza pudiera serlo. )
Como mi visión se centró en la escena del encuentro y perdí  de vista la periferia, no pude observar la cantidad de gente que se acercaba  en un nutrido  grupo de turistas que iniciaba su paseo por el Tower. La Chica, observó esa  escena y apuró la despedida. Yo volví a recoger mi libro. No pude establecer a que se debió que las letras de la tapa se habían vuelto caracteres góticos como los de la lápida. Tampoco pude entender porque las cuatro  letras E del nombre y apellido del autor Gilbert Keith Chesterton, habían tomado relieve. Me recosté a dormitar sobre el tronco del árbol. Creí sentir que una saliva densa y blancuzca iba escurriéndose  por la comisura de mi labio derecho. 
Alguien acarició mi cabello. Borrosamente la  vi. Era ella. Con su camisa a lunares azules. Con su blanca palidez, con esa sonrisa de amor soleada, con su cintura de plástico y su pelo negro inmenso como la noche mil de los cuentos de las Mil y Una Noches. Era ella. Que hablaba con el timbre de voz similar al canto del pájaro negro que golpeaba la piedra del muro con su pico afilado. Era ella. Fugaz y transparente como agua sobre agua salpicándose a sí misma. Era ella.
Me dijo  con una inabarcable sabiduría: _¡All things must pass.!
Apenas pude, de modo balbuceante, responder _¡ Nothing escapes the plan of God, which is nothing other than Time flowing through infinite rails, as is Time itself that encloses our finite and material flesh!. . (4)( _ ¡Todo debe suceder. !  / _ ¡Nada escapa al plan de Dios, que no es otra cosa que el Tiempo fluyendo por rieles infinitos, como es el Tiempo mismo que encierra nuestra carne finita y material.!)
 Tal vez fue una percepción pero el tiempo se detuvo un instante, pero si hablo de un “instante”, que no es otra cosa que un espacio de tiempo, nada pudo haberse detenido. El tiempo y su transcurrir son siempre una sensación de la conciencia y al mismo tiempo una realidad que nos abarca y domina y está más allá de nuestra comprensión.
Quise besarla de modo tierno y ardiente a la vez. Supe que si estaba ahí, en un cementerio inglés, era porque la habría esperado cien años para amarla.  Me hizo un gesto, miré detrás de mí. Una lápida blanca con musgo adherido en sus bordes, delataba su nombre de indudable origen latino. La foto en blanco y negro de su rostro bellísimo, con su sonrisa perfecta, intentaba adornar el sepulcro. Seguía   una  frase  curiosamente  conocida por ser mi lectura favoritaThought of a labyrinth of labyrinths, in a winding labyrinth that Would embrace the past and the future and would involve the stars in some way. Absorbed in these illusory images, I forgot my fate of being persecuted. Me I felt, for an indeterminate time, abstract perceiver of the world.” The Garden of Forking Paths, (5) (N.del T. Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes, olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. )
Finalmente la había encontrado. Ella representaba en datos que estaban más allá de la física, la mecánica inverosímil del infinito. La imprecisa ficción que consiste en someter a las cosas a un suceder constante, se había tornado alcanzable para mis sentidos. Y entonces me quebré en millones de lágrimas errantes como cometas que arrasaban mis ojos, mis mejillas y mi cuerpo con bestial dolor. Había encontrado el secreto buscado por todos los hombres durante todos los siglos. Había perforado el piso del conocimiento y se había abierto el techo de la bóveda celeste, área del cosmos en la que Dios prestidigitaba nuestro destino. Había alcanzado a la hora cero del ser, del amor, del dolor, de la vida, de la muerte y de todas las cosas y no cosas  concentradas en ese  espacio sin tiempo, sin palabras, sin Creador, que es el inconmensurable objeto de estudio de la Cosmogonía: El segundo previo a que se originara el Universo y se produjera  el “Big bang” que lo inició en abierta expansión.
Me dejé sumergir en el líquido amniótico de su vientre como quien vuelve a ser gestado. Dios hace cosas misteriosas. Ahora ella y Yo, con un nuevo epitafio, vivimos nuestra preciosa y metafísica eternidad en nuestro Tower Hamlets.-
TRADUCCIÓN Y FUENTE DE LOS FRAGMENTOS : 
(1) El pequeño sacerdote era la esencia misma de aquellas llanuras Orientales; tenía una cara redonda y embotada como un buñuelo de Norfolk; tenía unos ojos tan vacíos como el Mar del Norte, y llevaba   varios paquetes de papel de estraza que no conseguía mantener juntos.” La Cruz Azul. Chesterton.
(2) La doncella y la muerte. Schubert, Franz - String Quartet No. 14 in D minor, D. 810 [Death and the Maiden]
(3) Infinito es o bien lo que no puede ser recorrido porque su naturaleza no lo permite, del mismo modo que la voz es invisible, o bien lo que sólo puede ser recorrido de manera incompleta, o que apenas puede serlo, o lo que no puede ser recorrido ni limitado aunque por su naturaleza pudiera serlo. Metafísica. Aristóteles.
(4) _Todo debe suceder. / _Nada escapa al plan de Dios, que no es otra cosa que el Tiempo fluyendo por rieles infinitos, como es el Tiempo mismo que encierra nuestra carne finita y material. Diálogo del cuento Tower Hamlets.

(5) Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes, olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El jardín de los senderos que se bifurcan.” J.L. Borges.