El Ojo de Dios.
“Several years have now passed since I first
realized
how many were the false opinions that my youth
took to
be true, and thus how doubtful were all the
things I subsequently
built upon these opinions.”
—René Descartes, Meditations on First
Philosophy. (1)
Me siento acusado por el ojo de los
hombres. No así por el de las mujeres. Mi madre fue fraternal conmigo. Ese
apego a su entereza me hizo distinto. Es decir, distinto a la humanidad toda.
Puedo resolver problemas de lógica en contados segundos. Hacer cálculos
aritméticos de difícil resolución en forma mental sin demasiado esfuerzo. Puedo
contar las veces que respiro en un mismo día. Y puedo saber que el día
siguiente respiraré unas quince veces más. No soy un misántropo, pero no puedo
negar que tengo cierta indiferencia por el resto de los mortales. A lo que
aludo es a que no puedo entender mis propios sentimientos sobre las cosas sin
mirar por encima del plano humano. Parménides me ha dado su visión ancestral y
perfecta de la idea de las cosas que se hallan más allá de la física. La verdad
y la opinión (esta es factor de confusión) como motivos del conocimiento.
Aristóteles me cerró los caminos que tenía abiertos porque eligió el camino de
la opinión para acceder a la verdad o a las verdades elementales. Los griegos
han sido contradictorios. Como buenos artífices de la ficción del mundo
occidental, han dado versiones contrapuestas sobre las cosas que configuran el
objeto del pensamiento.
Esta mañana me he descubierto desnudo y
absurdamente solo en este mundo. Anoche tuve un desprendimiento de un sueño.
Alguien, a quien prefiero no hacer el esfuerzo de identificar, me sugirió que
la muerte no era la última condena. Justamente, la vida se continuaba en el
llamado Ojo de Dios.(2)
Había leído sobre el tema. La Astronomía
siempre me inquietó. De niño solía leer a hurtadillas libros que en la
biblioteca de mi hermano mayor eran la reserva del conocimiento de todas las
cosas. En esa biblioteca se hallaba un pequeño libro titulado “El Hombre no está
solo”, en el que se desarrollaba un análisis muy profundo sobre las
dimensiones del universo y la posibilidad que hubiera vida en otras galaxias.
Esa lectura me apasionaba mientras me generaba una singular angustia.
En el sueño, que era dialogado y que
podría reconstruir hasta en sus más mínimos detalles, ese hombre al que llamaré
H (de forma tal que su anonimato será una condena a sus prejuicios y a su
visión interior del universo a la que voy a denostar totalmente), me decía que
él sabía dónde estaba el paraíso.
Es decir, en su grosera concepción pseudo
religiosa, que había vida después de la vida terrenal.
En mi juventud, es decir, hace
muchos años atrás, supe mantener el fuerte sentir religioso que mi madre me
había inculcado en mi niñez. Pero aquellas voces se fueron apagando. Los
ángeles que supe conocer se esfumaron. Algunos pasajes bíblicos me sonaron
inmensamente vacíos o contradictorios. Conservé sin embargo ciertos temas
puntuales de las sagradas escrituras.
Yo supe antes de llegar a leerla escena de
la marcha al calvario, que Jesús sabía que iba a ser entregado y siempre
critiqué su pasividad frente a este hecho. Naturalmente que no dejé de entender
que su pasividad era parte del guión. Esa parte tan extensa de tolerar ser
juzgado porque así lo decían las escrituras, me resultaba penosa. El vía crucis
pudo haber sido evitado. Eso sí, no se hubiera alcanzado la redención. El dolor
de Jesús traicionado por Judas y entregado por los Romanos frente a Barrabás,
llevado a la crucifixión en medio de feroces castigos, muestra que la fe es una
fuerza superior a todas las fuerzas humanas. Jesús toleró ese martirio por
tener fe en su destino consagrado a su Padre.
Ahora, mis vecinos me miran con cierto
alerta. Se callan cuando llegó a sus veredas si se hallan hablando con alguien.
Miran hacia otro lado cuando estoy saliendo. Su ignorancia aparente de mi
persona, me hace feliz. Me convierte en un ser dichoso. Estoy fuera de su
mediocre círculo.
Después de mi sueño y la revelación que
tuve desprendida del mismo, empecé a entender la mecánica de la mente de Dios.
Los humanos tenemos un exótico privilegio. Sabemos de nuestra finitud. Es
decir, sabemos que vamos a morir. Es más podemos poner fecha y hora a ese
suceso inevitable. Los animales presienten la muerte natural y tienen sus
rituales. Pero eso es otra cosa. La humanidad sabe que está prisionera de dos
dimensiones. Una material y otra espiritual. Aunque tal vez debería decir una
física y otra metafísica.
La material (la física) es la de tener conciencia
plena que estamos encerrados en un microcosmos, (nuestro planeta) dentro de un
cosmos mayúsculo y cuasi infinito (el universo) que está en abierta y veloz
expansión dentro de otro Universo que lo contiene y así en una línea sucesiva
de manera no infinita sino indefinida para nuestra mente, pero no para la mente
de Dios. Que se trata de una obra de teatro en un escenario casi infinito,
pensando al infinito como una cualidad de aquello que aún pudiendo contarse
resulta imposible de comprender. Aquello que aún teniendo fin, y perdiendo por
ello la cualidad de infinito es incontable. Eso es el universo. Además de
su dimensión en medida, está expandiéndose de manera indetenible sin límites ni
fronteras. Y se expande sobre otra incógnita, es decir, ¿ Sobre que se
expande?. ¿Es un espacio de antimateria que se convierte en materia?¿Es una
nada que se vuelve algo? (esta pregunta es una abstracción intolerable para mi
intelecto) ¿Es un campo cerrado o un campo de energía oscura convertida en
materia visible?.¿Será cierta la idea de la “quintaesencia de Masreliez”(3/4),? La otra dimensión es metafísica, y voy a dejar la
denominación espiritual toda vez que el asalto de una idea romántica infiltrada
en esta tesis me resultaría inmerecida. A
veces en las noches, escucho el Preludio del Parsifal de Wagner. Se ha
sostenido que la música, aunque intraducible a la lengua humana, es la
expresión propia del idioma que usan las estrellas en su armonioso
desplazamiento. Esa música me lleva a una inexorable visión del universo y del
Hombre. Somos prisioneros en un termo (no le llamaré burbuja) que viaja a una
velocidad inconmensurable. Sabemos que tenemos un fin como el termo ha tenido
un principio. La atribución de tal inicio a una orden superior, a un creador
universal, a un arquitecto que goza de inmortalidad o que se genera tantas
veces como desee, es contradicha por las teorías científicas más relevantes. La
religión sin embargo en pleno siglo XXI sigue siendo una concepción que genera
una militancia rayana o mejor dicho, ingresada en muchos casos al fanatismo.
No voy a ampararme en un argumento
idealista. Debo probar que justamente la incógnita de la existencia de Dios
está en ese misterio que no podemos abarcar ni develar que es la proyección
creciente de un universo en expansión. ¿Hacia dónde?. ¿Para qué? La duda,
la incertidumbre sobre un plano tan excelso como es el cosmos y sus elementos,
el átomo y sus partes, la vida como premio o como circunstancia de una
evolución, la posibilidad de estar vivo y saber que en este punto del cosmos
que habitamos, sabemos que pertenecemos a ese ámbito inconcebible en lo
matemático y en lo físico que es el Universo en expansión. Esa conciencia es la
que nos habilita la duda. Los dados de Dios están muy bien escondidos
dice Stephen
William Hawking. Justamente, ese escondite es lo que hace
accesible y entendible, hasta justificable la idea de su existencia.
Ayer la policía golpeó mi puerta.
Algunos vecinos, me denuncian por mis hábitos nocturnos. La música estridente
de Wagner, desde la Cabalgata de las Walquirias a la Marcha Nupcial, o la profundidad del Parsifal, la procesión de Elsa en el Lohengrin ….. Mis
invocaciones. La fatal soledad que me agobia. Mis sueños tormentosos. Verme
como materia muerta. En unos cuatro mil quinientos millones de años el sol se apagará pero antes la Tierra será atraída junto a venus y Mercurio en el colapso del Sol. Si la humanidad existiera aún, lo cual es difícil de pensar que sea en estas mismas condiciones, los muertos seremos un despojo en las entrañas terrestres, pero nuestro espíritu ya no estará ahí. Pero me angustia verme como esa materia muertas e inhallable.....
No volverá a pasar. En el sueño se me
reveló (ya lo veo como una revelación y no como un argumento vacío) que la
constelación del Ojo de Dios es el sitio donde se guarecen las almas. Donde nos
reencontramos todos con todos. Borges estimó como desproporcionados el infierno
y el paraíso, pues los actos de los hombres no merecen tanto despliegue. Yo no
lo creo así. Hay individuos que debe permanecer en el infierno como castigo
total y hay quienes deben acceder al paraíso como premio a su bondad personal.
Mi destino es indudablemente este último. He demostrado la existencia de la
divinidad creadora. No vacilé como Santo Tomás con sus tres primeras vías sobre
las verdades teológicas. Las dos restantes me resultan valiosas. En especial la
quinta vía donde el orden y la finalidad presiden el universo creado. Dios ha
tenido una finalidad que es extra psíquica. Es decir, nos supera en medida suma
y no podemos obtenerla por el impulso de la razón porque los dados de Dios, tal
como dicen los cuánticos que son los que regulan el orden universal, están en
el puño del Creador y no los soltará mientras haya un hombre tal que piense en
el universo mientras su casa se derrumba.(5)
La sangre corre o mejor dicho fluye por
mis cortes. Pude poner fecha y hora, no muy precisa pero aproximada a mi propia
muerte. Me acerco al Ojo de Dios con total entereza. El paraíso no es un sitio
desproporcionado a la bondad de los hombres. Borges debe estar ahí leyendo sus
autores favoritos y estimo poder parlamentar con él sobre el Argumentum
Ornithologicum (6). El
número de pájaros de la bandada es definido como son los dados pero es un
pensamiento exclusivo de Dios. Al hombre le cabe la duda. Esa duda lo vuelve
existente a Dios. Se cambia por certeza. A esa certeza he arribado. Dios
sabe cuántos pájaros vio Borges y cuántos son los dados que Dios reserva en su
puño.
Ya sé que me miraran, a diferencia de la
ternura del Ojo de Dios, con un ojo de sospecha.
Algún fiscal ordenará las pericias
propias del caso para saber si fui yo mismo mi verdugo. El Ojo de Dios me ha
abierto la puerta a mi propia identidad. Ahora tengo certezas. Ahora creo como
cuando era niño, y mi ángel me recibe. Creo que Dios existe.
Son algo así como las tres de la mañana.
De una mañana cualquiera en el tiempo de los hombres. Ese tiempo ya no me
pertenece. Entré en la expansión. Esta es: un estado del alma. En todo elemento
vivo existe ese plano universal. Otro hombre dentro de otro universo contenido
en este universo, que a su vez está dentro de otro universo piensa lo mismo. En
símbolos: A \ B significa: el
conjunto que contiene todos aquellos elementos de A que no se
encuentran en B. En nuestro caso A \ B \ C …… es decir, un
universo que es contenido por otro que a su vez es contenido por otro, y así
indefinidamente pero no infinitamente, pues cesa hasta llegar a la mano de
Dios.
Mi sangre derramada es otro universo
donde habita un hombre como yo que piensa en su finitud y que mantiene su
conciencia de expansión del universo rojo que lo contiene dentro de un termo
tal como yo lo he indicado.
Este es el
desprendimiento final de mi sueño.
1. "Han pasado varios años desde que me di cuenta por primera
vez
¿Cuántas fueron las opiniones falsas que mi
juventud llevó a ser cierto?, y por lo tanto,
¿qué tan dudosas fueron todas
las cosas que posteriormente he construido sobre estas opiniones "?.
-René
Descartes, Meditaciones sobre la primera filosofía.
2. La nebulosa de la Hélice, nebulosa Helix o NGC
7293, es una nebulosa planetaria en
la constelación de Acuario, a unos 680 años luz de distancia. Es una de las nebulosas planetarias más próximas a
la Tierra y fue descubierta por Karl Ludwig Harding antes
de 1824. Atento su diseño particular se la conoce como el Ojo de
Dios.
4. Quintaesencia es una
forma hipotética de energía que se postula para explicar las observaciones del universo
en expansión acelerada. La quintaesencia es un tipo de "energía del
vacío". En la Edad
Media, la quintaesencia (latín quinta essentia) era un elemento hipotético, también
denominado éter. Se le consideraba un hipotético quinto
elemento o "quinta esencia" de la
naturaleza, junto a los cuatro elementos clásicos: tierra, agua, fuego y aire.-
5. Sábato Ernesto. Uno y el Universo. Ed. 1949.-
6. Argumentum Ornhitologicum. Borges. Obras Completas. 1972. En
esta reflexión se obtiene la concreta diferencia entre “infinito” e
“indefinido”. El universo tiene una dimensión indefinido y no
infinito. (N d Autor.)
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